Pero su visión
de un sistema educativo integral iba más allá hasta el punto de establecer el primer comedor escolar del sistema
educativo al garantizar a los niños de poblaciones aledañas el alimento ya que
estaba consciente de que el rendimiento de un estudiante se vería incrementado
si estaba bien alimentado; aún quedaba en la mente de aquel pueblo la huella marcada
de la hambruna del año 1912 y Maca buscaba proteger a sus discípulos garantizándoles el alimento
básico. Así fue que a través de
donaciones de los pobladores más pudientes de la zona y de su propio peculio cubría
las comidas de sus escolares.
Pero Blanca Morón
de Irausquin no solo se dedicó a la docencia; también asumió una labor
consejera y era vista como juez de paz para sus vecinos quienes acudían en
busca de orientaciones o consejos para sus problemas personales. Era así una
luz de entendimiento en la vida de sus convecinos, una líder natural, una guía
necesaria en época de oscurantismo.
Ya en la etapa
final de su obra pública hacia 1955 se fundó definitivamente la escuela de seis
grados en la zona. Para entonces ya Blanca Morón de Irausquin llevaba más de 30
años en su proyecto educativo y visionaba su final dentro del sistema de
instrucción pública con una hoja de vida intachable y una enorme satisfacción
del deber cumplido. El trabajo iniciado por su abuelo León Martínez había
llegado a su fin. La siembra estaba hecha. La instrucción pública ya no era
algo circunscrito a unos pocos privilegiados. Ahora todos tenían derecho y
oportunidad de formarse.
Los ideales
proclamados en el célebre decreto de instrucción pública de Guzmán Blanco
provenientes a su vez de los ideales de la Federación liderada por el vecino de
la comarca Mariscal Falcón sin duda alguna influyeron en León, Rafael Cayana y
finalmente en Blanca Morón de Irausquin para dar la oportunidad a los
paraguaneros de acceder a las letras y las matemáticas, al castellano a la moral
y la cívica como formas educación para
la formación de un ciudadano; máximo título que según a decir del libertador Simón
Bolívar era el máximo rango que podría aspirar un ser humano.
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