Por: Giovanny Gómez García

jueves, 2 de mayo de 2019

Las primeras luces de Blanca Morón


Amada por su familia Blanca en sus primeros años destacó por su interés por las artes, gustaba de recitar versos, amaba la música se destacó en solfeo y guitarra lecciones todas que aprendió de su León Martínez y de otros maestros que apoyaban a Martínez en su labor educativa. Su abuelo fungiría como su maestro y guía pues la facilidad de León para obtener beneficios gubernamentales le permitía acceder a libros provenientes de Europa combinada con la vocación innata de enseñar y el capital intelectual que poseía aportó a su pequeña nieta todo un bagaje intelectual que posteriormente irradiaría Blanca en sus discípulos.

León Martínez enseñaría a Blanca sus primeras palabras. La enseñó a leer y escribir, pero además la ilustró en artes y ciencias, en literatura y castellano. La ortografía de Blanca era especialmente impecable.

Blanca Morón Martínez ya de pequeña comenzaba a dibujar su vocación de educadora jugando a dictar clases a sus muñecas de trapo moña tradicional de este poblado   a quienes impartía seguramente los valores que Don León Martínez le inculcaba a ella y a sus hermanos y fue así como comenzó a dibujar el que fuera su más grande sueño y al que dedicaría el resto de su vida. La educación.

Llegaba 1910, año de los grandes temores y supersticiones para buena parte de los habitantes del país. El paso del cometa Halley y los innumerables comentarios sobre la destrucción del mundo o la llegada de una gran peste o sequia seria el tema obligado en los años por venir en Paraguana. Ese mismo año en medio de la incertidumbre y temor por el porvenir del corazón de la Maca adolescente la muerte reclamaría a su abuelo León; a partir de este momento asumiría mantener viva la memoria de su querido abuelo a través del legado que depositó en sus manos. Para Maca el primer maestro de Moruy se convertiría en muchos; en cada niño que aprendiera a leer y escribir en cada prosa y en cada verso pronunciado por un moruyero en cada acorde que deleitara la vida de un pueblo que veía partir a un grande que se sembraba en el corazón de sus habitantes para siempre. En los años subsiguientes Maca vería ver morir de hambre a muchos vecinos y familiares. Una vez superada la época de sequía y hambruna Maca decide apoyar en la reconstrucción de su pueblo aportando lo mejor que su abuelo le había enseñado y en 1918, a los 26 años de edad decide emprender su campaña por la enseñanza de los niños de Moruy fundando una escuelita en el sajuan de su casa. Así comienza a impartir las primeras letras y los primeros números. Su prédica incluía tocar de puerta en puerta motivando a los padres a enviar a sus hijos a la escuelita. Así, poco a poco se convertiría en la Maestra Blanca o la Maestra Maca como cariñosamente le decían a quién impartía con esmero y amor las primeras enseñanzas a los moruyeros.

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